21.1.07

barroco

una habitación sin puertas ni ventanas, oscuro adentro, luces reflejadas en espejos enfrentados, perspectivas plegadas y replegadas… hacia el infinito.



se conocieron se husmearon se atoraron, olfateó él el rabo de ella, ella lo reconoció por la manera de olfatear, se siguieron un tiempo, se reflejaron a propósito, se desconocieron en consecuencia, en secuencias atoradas, trastabillando ritmos, en sincronía, en una dulce sincronía…

ella sola en su recámara, su oscuridad, buscando los contornos de su cuerpo, dibujándolos, pliegues y flexiones del cuerpo, reflejando sensaciones recorriéndola en espiral: anémonas, ánimas, multiplicidades animosas: anónimas.

sin puertas ni ventanas.
cada sensación es un murmullo en su cuerpo, apagó sus ojos para reconocerlas: eran antiguas pero aparecían por primera vez; por primera vez caminaba su tierra material, su creación, su amada y extraña humanidad, llena de secretos aún para él/ella que todo lo sabía, y sabía incluso los secretos pero se le escondían en los pliegues del universo, en sus curvas sincronizadas.


ella está frente a la computadora, coleccionando estrellas que titilan, ninguna ventana cerca, ninguna puerta, un cofre lleno de mundos que apenas pueden reflejarse desde las porciones equivalentes de su mundo -el de ella- propio; no existen mundos imposibles, sólo existen mundos sincronizados o desconectados, sólo existen ritmos en tiempo abierto hacia el espacio, espacio que quita al tiempo de lugar, de su eternidad inercial, espacio plegado que se pliega hacia adentro y hacia fuera…

un dedo untado en saliva: la magia está conjurada.
finos y largos, los dedos son cálidos, son palomas que cortan el aire, son suaves contactos con un interior que se sale desde poros y olores, un tacto que fluye, un ritmo que atraviesa todos los tiempos, metamorfosis animal, hombre que se aluna en la piel de una mujer, mujer abismada en la luna del espejo: en los pliegues preñados de mundos individuales.

pezones eréctiles, recorridos tangenciales, las imágenes disparadas y en ebullición, chorreando desde la boca –negra leche- los labios, la baba, el mentón afinado, el cuello ofrecido –matandomuriendo-, los pechos abriéndose en decisiones opuestas que son la misma, los pechos coronados con guindas eréctiles, el chorro se derrama y se diluyen en el calor que derrite la nada, la nada que lo combustiona, estalla en chispas disparadas hacia el infinito hacia lo alto, en espirales, en círculos que jamás comparten sus ejes.

se pliega en su entrepierna, comprende su clítoris, erecto como barco a la deriva, comprende su pene, su vigor, desde el otro lado de si misma, navegándola en un mar sin orificios ni límites –ni puertas ni ventanas-, infinito envuelto en sus costas de hombre y mujer: litoral encapsulado frotándola/frotándose, atropellándola, sangrándose…

si piensas no sientes/si sientes no piensas

el pensamiento invade el cuerpo e imagina. in-vagina. hay un loco en la luna que conoce algunos secretos que el universo esconde en sus cofres plegados: los hombres no están hechos para las mujeres/las mujeres no están hechas para los hombres.
el cuerpo se chorrea en el pensamiento y despunta todo lo que no puede ser pensado. hay un mono en la luna masturbándose; acaba de descubrir que dios tiene tetas y que su leche está preñada de todos los mundos posibles; se excita de haberlo descubierto; en siete días se habrá cansado –los tiempos del placer son cortos si no se renuevan- y se pondrá a crear un mundo nuevo: su mundo: sin puertas ni ventanas.
¡basta un flash –un relámpago- para crear un mundo!



no hay verdades reveladas: el mundo ha dejado de ser plano.
es curvo
curvas de mujer a la espera de que el otro –el potente- la seduzca
potencia de mujeres de alargar los penes
no hay Verdad en un universo curvo: hay puntos de vista verdaderos.


ella es el espacio al que da tiempo: el espacio de su cuerpo excitado.





por atrás, pidió el marqués que sabía catar placeres como si se tratase de vinos, de vínculos estáticos.

-¡dame el culo, perra!

y en un golpe de varita, de pensamiento esquizofrénico, ella era la pantalla de los mundos que hacían ebullición dentro de él: ella no estaba.
la cogió por el culo: desafiando a ese dios agonizante y estúpido que no hacía otra cosa que relacionar a con b, este para esta y esta para este otro, mamá y papá, nene y nena hasta que sus hijos los conviertan en dios, el único dios; el velo sobre todos los agujeros; modelo y copio, origino y duplico, así no y así tampoco: una sola verdad plana y sin acordes, plena, sin volumen ni pezones; el dios de la luz y la transparencias, fosilizado y muerto por el espacio y el tiempo, ahogado en el vómito de su propia reflexión, de su nada generalizada: su culpa en el culo
.

-ponte de espaladas a mí, tan desnuda como el universo sin dios, abre tu puerta trasera, que penetre la antorcha preñada de chispas prontas a ser disparadas hacia lo alto, hacia la luz que no dará el final de este túnel.

el culo es una esfera plegada. es estrechez de sincronías veloces, crujientes, salvajes. está cerca de la sangre, está conectado directamente a los latidos, es variación de suertes e infortunios, es el ojo negro de la noche.
el marqués piensa mientras caga/mientras se coge a un joven por el orto.


dios no juzga ni medita.
no conoce, no habla, no oye, no degusta, no palpa, no olfatea, no especula, no planifica, no resuelve, no calma, no imagina: no decide.

dios es la totalidad de los puntos de vista y no es ninguno en particular. es el fluir, la curva, el filo. la composición de los mundos que se unen en sincronía o se desconectan; los mundos desconectados se pierden en habitaciones sin puertas ni ventanas, sin estallidos, sin placer y con el culo tapado de culpa.

una vez quiso dios tener un punto de vista y solo uno: entonces fue cuando asesinaron su alma, crucificándola, para siempre.


cuenta otra historia que el mundo estaba lleno de dioses, que eran bondadosos y gustaban de hacerles favores a sus hermanos mortales; pero los mortales quisieron favoritismo en esos favores y quisieron lo que tenía el otro, siempre los otros, así que los dioses -cautos y sabios- trataron de advertirles que estén donde estén: el otro en sus cabezas será siempre otro.

12.1.07

influencias

la propuesta está hecha
juegas o no.

se propone en una mirada en un minuto tajado en la mitad con un millar de microexplosiones de distancias que acercan y cercanías distantes se propone en un golpe de azar que puede ser un tren hacia ningún lugar o ningún lugar donde pasen trenes que traigan y lleven se propone en un soplo que traiga nuevos sueños que hinchen las alas de los barcos las velas que iluminan las cartas remitidas por los dioses no podemos saberlo pero podemos sentirlo no podemos hacer marcas imborrables pero podemos hacer marcas que conserven un punto de vista: una participación.

hay una montaña de huesos apilados y otros huesos edificando lugares refugios de ciudad que ha devorado a sus habitantes que conforman moléculas y tripas animales en deriva pensando con plena inocencia que piensan cuando eso es apenas el anverso y del osario y de sus cuencas vacías cavernosas brotan delirio y locura que curan curvan alimentan y hasta podríamos sumergirnos cada noche sea de tarde o apenas de mañana… para bañarnos de luna.

¿juegas?

6.1.07

facetas de lunático



Es la noche 3.006.
Está lloviendo.
No se cuánto tiempo significa ese número. No se cuánto tiempo es el tiempo. Es como si no hubiese pasado nada, pero aún así es el lugar, es el único momento del que parecen estar tejidos todos los momentos. No se cómo explicarlo, pero esa es la imagen que tengo acerca del lugar en el que estoy, el centro sin tiempo del que salen todos los tiempos, que estuvo antes que ahora, y que no deja de ser un por ahora, ahora que es siempre y que teje tiempos entrecruzados.
Yo pensaba que era una prueba más que había puesto mi maestro, que estaba todo programado, me imaginaba dentro de un gigantesco video juego en el que tarde o temprano encontraría la clave para pasar a la otra pantalla, la combinación del conjuro, los círculos y contra-círculos necesarios para abrir la caja fuerte.
Pero ya no se donde habrá quedado esa caja fuerte. Olvidé, sencillamente me olvidé de todo.
El bosque es también una ciudad y la ciudad es un bosque.
De noche salgo a cazar, porque lo demanda mi espíritu que con toda su sangre inflama mis instintos; con fuerza de lo arcaico inflama mi voz, me hace vomitar en lenguas infinitas un grito sinsentido hacia la luna.
Me reflejo.
Se chorrea mi voz y se hunde en los miles de agujeros que tiene la noche, la noche oscura, que se chorrea sobre mi voz como chocolate amargo. Me agujerea. Por todos lados…

Anoche salí a cazar, como todas las noches. Era la noche 3.005. Había invocado a mi deidad protectora: el Moldeador. No sabía si vendría. Lo esperaba como todas las noches entre las esquinas del bosque. A veces llegaba antes de ser invocado, otras veces en el mientras tanto, y otras tantas, la mayoría de las veces -como estoy aquí por ahora- simplemente no llegaba, y me dejaba suspendido en el tiempo más amargo y opaco, el tiempo de la espera.
Anoche agudicé mi olfato, afilé mis odios, afiné mis dientes y oídos acordes a mi turbulencia interior.


Cuando era chico pensaba que el egoísmo era cuando mi hermana no quería compartir lo que ella tenía conmigo. Ella pensaba que el egoísmo era una forma de protesta porque ella no tenía lo que yo sí.
Ella invocaba tormentas, porque conocía algunos elementos naturales. A veces se convertía en un cuervo azabache que revoloteaba cerca, muy cerca, y al menor descuido intentaba sacarme los ojos… para que no vea otra cosa que sus negras alas, de tormentas y eternidad encastrada, por el resto de los días que aún no había gastado.
Cuando era chico le tenía miedo a las tormentas y a los payasos.
Ella lo sabía.
Detrás de su mirada escondía otra mirada; esa otra mirada era lo que yo percibía en las gotas de lluvia que se estrellaban contra el vidrio, en los susurros de los árboles detrás de mí al caminar, en la persistencia de la mala suerte que acechaba mis días cada vez que empezaba la primavera… detrás de su mirada sentía el aletear del cuervo negro.

Luego el egoísmo fue una somnífera sinfonía con la que sintonizaba gente solemne, fue estar en una reunión de personas preocupadas por lo que están vistiendo mientras hablan de negocios –esos mismos negocios que obligan a vestir así pero al menos brindan temas de conversación en caso de reuniones…- mientras del otro lado de la pared la servidumbre se viste de negro y blanco, como todos los días, a causa de la macabra broma del destino que los hizo nacer de aquel lado de la pared y no del otro, del bueno.
El egoísmo es natural. Es parte de cada día, está en todos nosotros. La ciencia ya lo ha demostrado muchas veces: o bien somos el sol y los planetas giran a nuestro alrededor, o bien somos planetas y debemos tener un sol alrededor del cual girar y rotar.


La vi parada en una esquina. (Llegué siguiendo un olor, un murmullo, un recorrer de calles ya recorridas infinitas veces; olor a mujer, sensación de encuentro, rastros de pólvora.) Vestida de vestidos precipitados por dejar de vestir. Vestida de sexo, encendida en la estupidez de una risa inmotivada, envuelta en promesas húmedas.
Si hubiese querido hablar no lo habría logrado, ya conocía esa sensación y ya sabía cuáles eran mis posibilidades y desventajas ante ello.
Le pagué por uno de sus besos, me invitó con un par más y al cabo estábamos en un cuarto de hotel. Revueltos en fantasías… nos refregamos con transpiración, nos untamos saliva y miel, nos amasamos en escenas repetidas que queríamos repetir, nos quemábamos en flujos y reflujos…
Le pagué por más tiempo y me regaló tiempo extra.
Era un paisaje a recorrer, remanso de soledades atascadas, nos convertimos en las vibraciones del fuego, electricidad y choques de mareas; ¡brindamos en la desnudez brindada!: adentrofuera en constante apertura y parpadeo.

(Los tiempos del placer son cortos, son efervescentes… si no se los alimenta con algo nuevo se quedan estancados.)

Ella tenía un secreto. Además de ser mujer también era un hombre que podía convertirme en mujer.

Su cuerpo era un templo. En él se quemaban las esencias y los sueños podridos. Era un signo de los tiempos, un agujero negro alrededor del cual rotaban las sensaciones.
Tenía, y justamente por eso lo brindaba…
Fui el agujero negro alrededor del cual ella gravitaba. Desgarró mis barreras, aluciné el estallido de mis tripas, de mis entrañas revueltas. La sentí como nunca pude sentir a nadie más. Cerca, adentro, afuera, en cada porción del espacio.
Me sentí a mí: del otro lado del espejo.
Ojos negro azabache revoloteaban de un lado a otro de la habitación…


Fue la noche 3.005.
Esa noche soñé que un payaso me llevaba al centro de la tormenta. Al principio no había otra cosa que miedo, pero luego, a medida que pude abrir los ojos y sentir el agua… comprendí que no había más que eso: una persona de sonrisa roja e inmutable en medio de una tormenta.

29.12.06

¿Qué es lo que te muerde cuando remuerde la conciencia?

¿Qué queda cuando ya no queda nada?

Un montón de recuerdos apilados, una almohada sin plumas de la que se escapan los sueños, un terrón de azúcar con gusto a comida que no se debe desperdiciar, un montón de recuerdos censurados, aplastados, aplicados.

¿Qué queda cuando alguien te robó todo lo que tenías?

El mundo se vuelve cosa, te hace cosa, y tu eres una cosa entre todas las cosas, y la cosa es que te acostumbras, y ya no quieres que cambie ninguna cosa, porque las cosas así están bien, y las tienes que cuidar, y las tienes que tener, no sea cosa que te las roben a ellas también, con tanto acoso suelto, tantas cosas de las que ni deberías hablar…

¿Qué queda con lo que queda?

Queda un despropósito. Queda el haber apostado más de lo que tenías, queda el exceso censurado en forma excesiva. Queda la economía torpe de economizar, el cálculo balizando un agujero, un sinsentido: un despropósito.


¿Qué tenemos con lo que tenemos?

Un vallado, un mundo, un cerco de luces que nos separan de otros mundos, un mundo privado… de otros mundos: alambres de púa.



¡Silencio! Tenemos que pensar en frío. No nos distraigamos con los pensamientos, no nos vayamos a perdernos en el bosque. La muerte ronda, se desplaza entre las sombras, detrás de los árboles, entre la gente. El reloj es un tiritar permanente, son susurros mecánicos del tiempo que ha quedado reducido a un mecanismo, a un tic tac, a un mundo permanente que permanece en lo mismo: siempre. ¡No pienses mal! Tenemos que pensar algo importante, algo que no asuste, algo que no duela ¡silencio!: ¿qué sucederá con los bienes de cambio que tenemos?

Los cambiaremos, por todo aquello que ya no se puede cambiar: por el tiempo irreversible.


¿Qué nos queda cuando ya no nos queda nada?

Queda olvidar lo que tuvimos. Nos queda un domingo a la tardecita en medio de una vida, exangüe, incomunicados con el mismo mundo con el que una vez nos ofendimos, porque esperábamos que vendría a buscarnos arrepentido, pero el mundo siguió girando, y giró y giró…
y nosotros: nada, somos nada.


¿Qué somos?
Un mundo que gira.
Un mundo preñado de mundos que todo el tiempo están a punto de estallar.
Un reproche permanente bajo el oído en caso de que no lo hayan hecho…
un millar de colores reflejados hacia un millar de lugares en caso de que lo hayas hecho al menos una vez: estallar.

15.12.06

i pagliacci

“si pudiese vivir mi vida nuevamente tomaría exactamente las mismas decisiones que tomé. trazaría exactamente el mismo trazo.”

lo pienso sin pensarlo lo pienso en abstracto reviso mis emociones que no piensan en imposibles: no dejan de vomitarlos y de vomitarme en ellos.

el azar tejiendo telarañas…










Una habitación oscura. De la nada salta un payaso que se escapa a velocidad de resorte de su caja, de sus cuatro paredes, de su encierro eterno.
El payaso ríe, no deja de reír y repetir su risa, mecánicamente.
El payaso tiene un cuchillo en su mano, su boca pareciera estar pintada con sangre…












Había caído una lluvia muy intensa. De esas que dejan al cielo gris y roto, de las que dejan pedazos de recuerdos desprendidos tirados por todos lados.
Arlequín extraña a Colombina:
-puede que ella sienta lo mismo pueda que sienta algo pero diferente puede que haya colapsado mi campo neuronal que un misil haya penetrado en todas mis defensas puede que las cosas no sean como yo las pienso. puede que te puede te pudo una vez te podrá dos. se apoderará de ti absorberá tu cerebro como si se tratase de un jugo de mamá en ananá con dos sorbetes recién servido…
…pero también puede que esta vez sea distinto.





La ciudad es grande y está tan llena de mundos que a veces hasta estando al lado de otra persona se puede estar lejos.
Un colectivo llegaba desde el este y Colombina le extendía su brazo. Mientras tanto piensa desde su cárcel prefabricada:
-puede que lo ame puede que sólo sea un enigma para mí puede que no deba quererlo que no sea de mi talla que yo no sea de la suya… puede que no sienta nada que todo sea un espejismo que se cura con un baño de agua fría y realidad puede que me esté equivocando… puede que no pueda…



Así son las cosas.
Colombina estaba en una cárcel de espejos que por momentos habían dejado de reflejarla todos a la vez. Así fue que comenzó a sospechar. Era novia de un policía, el ilustre Pagliacho, el hombre del corazón inocente. En esta sospecha se sentía sola. Completamente.
Pagliacho sabía de cárceles y de trampas -era de lo único por lo que se había preocupado toda su vida-, y por eso él también había comenzado a sospechar de ella, pero solamente de las sospechas de ella. Para él no había nada detrás de ese horizonte circular que trazaba la sombra de Colombina a medida que giraban los días.

Por la noche ella hizo un agujero en la pared… y agujereó el tiempo.
Entonces fue cuando lo conoció a Arlequín, escapando de las circunstancias, evitando funcionalmente las utilidades funcionales, navegando en las risas que Pagliacho desconocía.




Arlequín está debajo de una luz azul que chorrea pensamientos:
navego y me pierdo en mis recuerdos. te saboreo y pronto descubro que hay otro universo detrás de lo que siento y no comprendo, detrás del vértigo y del cóctel desesperado de los estados de ánimo.
navego y comprendo tu universo, y te siento lejos, y siento la brecha, el barco en el horizonte a punto de ser tragado por un domingo pegoteado de aceite y memoria. navego y te siento distante.
se que no estás sola al otro lado de tu puerta, y se que Pagliacho es lo mejor para ti: es lo más funcional. sobre todo después de lo que me hiciste, ¡tú, áspid!... perra traidora…"





Colombina (vestida de blanco y negro, en medio de un tablero gigante de ajedrez):
-hay lugares que se dan y lugares que se quitan.
y cuando se trata de lugares es bueno tener uno asegurado, al menos para saber dónde va una a caer muerta de amor, así sea en el pañuelo de la pena de mis amores muertos…





Arlequín (con una boina al estilo Che Guevara):
-no voy a renunciar a mi mundo, pero incluso aunque quisiera no podría.
/van dos o tres mundos que dejo atrás. van cuatro o cinco en los que ya no me reconozco./
si por lo menos me dieras una señal más certera…
si quieres te doy mi mundo pero no me digas que no…




Colombina se pone auriculares
“te estoy hablando y no se si me escuchás porque no uso en realidad estas palabras mi mensaje está cifrado en un código que no comprendo pero seguramente estará en estas letras que lees, estas mismas, las que estás leyendo ahora. no dejo de enviarte señales que se escapan a mi discernimiento no dejo de recibir señales que tu jamás enviaste y encuentro nada y velos y mis propias señales en esas otras que no existen que yo pensé que me habías enviado y a las que estoy respondiendo en esta carta.
help!

necesito de ti…
… que no seas un alguien más ni un nadie más!”


La radio transmitía, el televisor decía más de mil palabras en silencio, cada uno de los otros pasajeros del colectivo y de los demás colectivos:
Un universo detrás del otro. Con puertas y ventanas que los comunican
/puertas y ventanas que repiten el mismo universo cada vez que las atravesamos…/.







Mientras tanto Arlequín se había transformado en el personaje de un comic vanguardista que se proponía como objetivo legalizar el incesto y la marihuana. En una de las pocas viñetas rescatables se apreciaba el siguiente texto:
“te sueño carne y quiero comer mis sueños. te sueño fantasma y mis noches son mi infancia frágil y vulnerable orgulloso y hambriento del menor gesto que desmienta mi desamparo: mi solitariedad empecinada. durante el día llegan flashes de la noche. durante la noche arden las heridas que produjo el día.”



Colombina venía de su clase de yoga. Le habían enseñado que si controlaba su mente ya no tendría malos pensamientos. Que si no fuese por los malos pensamientos las cosas sucederían de otra forma.
/y si las cosas sucediesen de otra forma ella podría dejar de tener malos pensamientos y de preocuparse por ellos…/
-que hubiese pasado si lo hubiese encontrado en otro momento si hubiese tenido puesto otro vestido que hubiese pasado si le hubiese sonreído en lugar de vomitarle su camisa que hubiese pasado si yo hubiese sido otra si no estuviese Pagliacho… que hubiese pasado si…

…los pensamientos se le enredaban en un laberinto de posibilidades.
/giraba su anillo de cansamiento alrededor de su dedo calzado en las raíces de su infancia infanticida./



Arlequín se miraba en uno de los charcos que dejó la lluvia. A su lado se sentó un mendigo. El agua se agitó y sus rostros se confundieron. Uno de los dos habló:
-Después de fabricar una lágrima ya nada sigue siendo igual. Hay un antes y un después de eso. Una es la imagen que se confunde con todas las que respondieron a ese tipo, el espacio en la memoria reservado a tal o tal otra categoría de personas. Pero ella ahora es dos, es decir que la otra -después del beso de las lágrimas- será un singular; ella a la que no puedes imaginar más que como a ella –aunque sea como tantas otras-. Y habrá otras después, que te recordarán a ella y en ella perderán su singularidad.
/y los caminos se habrán bifurcado… otra vez, en el laberinto-telaraña de los vínculos humanos y sus tiempos/
"Cuando suceden las lágrimas algo muere y ella ya no es parte de tu búsqueda. Es como si hubiese corrido el rostro, ahora está junto a ti, en ti, afuera, o del otro lado de la pared, o cerca, o lejos… pero es otra, ya es otra.




El televisor se encendió y Arlequín era un hombre con un traje marrón y un bigote:
-El mejor regalo para cuando te tengas que ir es dejar siempre una metáfora sobre la almohada. Una flor puede ser una metáfora de la vida y la muerte, pero no tenemos por qué ser tan drásticos ni tan obvios. Podemos dejar también un ratón vivo, que no deje de mover la cola chirrear roer corroer morder. Para que signifique por siempre y para siempre lo que ella significará a partir de ahora en nuestra vida.



Colombina ya había construido tres o cuatro paredes antes de conocer a este Arlequín. Ya en poco tiempo acabaría de construir una guarida perfecta. No quería que este ni ningún otro payaso fuera a destruir lo que tanto trabajo le había costado.
Se levantó y fue hacia el timbre. El colectivo estaba casi vacío. Dejó abandonado en el asiento un comic vanguardista (que quizás también era una metáfora).



Mientras tanto, un rato antes:
Pagliacho acomodó la banderita de bang! dentro de su revolver. Estaba a punto de entrar a escena. Vistió su traje de fantasía. Recordó a sus ancestros: payasos todos ellos. Recordó el dinero que había en la gorra cada vez que terminaban el espectáculo: monedas de gente que piensa que un espectáculo se monta así nomás, de la misma nada. Recordó la sonrisa de Colombina y los años de matrimonio feliz y tranquilo. En realidad no tan tranquilos, pero años al fin…

-¿Quién osa a quitarme mi joya más preciada? ¿Cuántos Arlequines más vendrán a repetir la misma escena? ¿Cuántos más pondrán las manos en ella sin merecerlo?
/¿Qué hice yo para merecer esto?
Yo, que soporté a su madre y a sus recetas de cocina, yo que trabajé en ti más de lo que lo hice jamás con nada mío…/


-… la gente está esperando el espectáculo. No hay que demorarlo más. La gente pagó por verlo, hay que darle a la gente lo que merece. Es lo justo. Vestir este traje –(el traje es gris, aunque parezca de payaso)-, pintar un fondo blanco en mi rostro, para que no se filtren las impurezas, sobre él una sonrisa para que los niños no se asusten -o para que no se note el miedo que les tenemos nosotros-, una sonrisa amplia, roja como la sangre que fluye a borbotones…

En el espejo un rostro triste en el que se dibujaba una sonrisa perfecta, que contagiaba su rojo:

-Ahora ríe, ríe Pagliacho, y que tu risa tenga ecos. ¡Hasta olvidar! Y si Arlequín se roba a Colombina ¡ríe!, si el dolor te envenena, si tu mundo ha estallado en pedazos tras caer y caer otra vez, si la última bofetada te quitó parte del maquillaje, si no entiendes ni quieres entender, si entiendes demasiado, ¡ríe!… Que la risa inunde al llanto atorado en el corazón.

/“y tras las lágrimas hay un punto sin retorno.
Esta Colombina que se hunde en este llanto es la única mujer, es todas, es la referencia de todas aquellas que a su imagen y semejanza no dejarán de rechazarme.”/





Explicación forzosa:
La bola blanca golpea a la roja, digamos que se trata de la bola A. Luego la bola A golpea a la B, la C y la D. Esas tres bolas a su vez golpean a la bola P, que a su vez rebota y vuelve a golpear a la bola C, y esta vuelve a golpear a la bola A, que a su vez rebota. Y bola con bola se golpean, consecuencias tras causas, golpe a golpe, jugada tras otra, y mientras tanto algunas bolas van cayendo…
/todas caen tarde o temprano./
Evidentemente, tenemos que concluir: la causalidad no existe, en la vida todo es casualidad, incluso el último encuentro, el fatal, no es más que un golpe de la suerte, un movimiento errado o acertado de potencias que juegan con nosotros por mero capricho.


Llegado a este punto, mi querido lector, quería brindar contigo para celebrar este instante. Las posibilidades se abren a raudales. Poco importa ese detalle. Incluso importa poco el mundo en el que estemos habitando tú o yo en este momento. Un encuentro está sucediendo:
¡Salud!













Sentado al borde de una fuente hay un mendigo. Acaba de tirar una moneda que alguien le acaba de dar: acaba de deshacerse de todo su capital.
/Quizás pidió un deseo. Quizás su deseo es estar desposeído y libre…/
La moneda dibujó círculos, entre ellos se veía el reflejo de Arlequín corriendo hacia la parada del colectivo.


-¿Y qué puedo esperar de ti? Así como te enamoraste de mí te vas a ir tras cualquier otra. Ni siquiera te importó que estuviera casada. ¿Cómo iría alguna vez a confiar en alguien así?
-¿Tu problema es que no confiarías en mí?
-Sí, no… quizás.
-¿Será que somos parecidos?


Y de estar entreverado en la multitud apareció Pagliacho.
-Me van a tener que acompañar todos a la comisaría, soy agente de policía.

Lo que siguió fue lo previsible:
yo no fui fue él yo no sabía sólo cumplo órdenes empezó ella no el que empezó fuiste vos ojo que no se escape de acá no se va nadie no hay que confundir libertad con espionaje la culpa es del otro lo que pasa es que vos…

bang!

…….
………….

………
……………………………….

………
..
.

.


En esta parte debería contar quién mató a quién, quién se quedó con quién, cuántos muertos accidentales hubo, cuántos estaban muertos de antes y toda esa gama de detalles que le hacen tanto bien al lector -sobre todo para no entender de lo que estamos hablando realmente-. Una vez resuelta la historia debería lograr que el lector emocionado salga a dar una vuelta, reflexione, mire el cielo, los árboles, la vida a su alrededor, luego se vea en un vidrio, casi por accidente, y entonces, el pensamiento reflexivo brota, y sería más o menos así: “tras haber leído esa historia tan bellamente contada, sobre las desventuras y aventuras del joven Arlequín, he comprendido que cada cual tiene que hacerse cargo de lo suyo; si hiciste tal cosa pagarás por esa cosa que hiciste, si hiciste tal otra pagarás tanto otro, en sufrimiento, en alegrías filtradas, en tiempo, en ausencias, en dinero efectivo, en dinero sin efectos”.
Cada cual tiene lo que merece.
Cada cual a lo suyo dice el dicho, y a mi me toca relatar esta escena sangrienta en la que el revolver de Pagliacho se hacía verdadero y liquidaba a dos o tres y a Colombina, y Arlequín como una sucia rata escapaba dejando ver que su amor era ficticio, y que Pagliacho era un verdadero héroe trágico, caminando en la cuerda floja de la resignación, en los residuos de la gloria. Y blablabla bla bla…
Es mi deber contarles.
Para eso los traje hasta aquí.
.
….
..

Pero esta vez no tengo ganas de hacer los deberes.
.
…..
..

Digamos mejor que A golpeó a B, y B a W, y W a X tal que X se hizo de un abanico de causas y efectos, y que por resultado intermedio, accidental, involuntario, dejaron que la bola ocho caiga en el hoyo…
Y el juego concluyó.







“…tomaría las mismas decisiones.”

Es una forma de decir, ¿nos entendemos?.

12.12.06

dialéctica de las circunstancias

Hay amores que están hechos de esqueletos,
amores que se cocinan con sal y poca pimienta
(hasta que se acabe la pimienta),
-¡ojo que el fuego no esté alto, que se quema, que se va!-
Hay amores bajas calorías,
amores sin sal,
amores con todo y arroz,
amores de postre,
amores tapón.
Amores terrenales,
amores cosmogónicos,
cosmológicos,
científicos y aritméticos,
sentidos,
vomitados,
penetrados en agujeros insondables,
trascendentes y amores chipas en la oscuridad,
diurnos o nocturnos...


Hay amores que son como un costal de arena:
que impiden volar aunque volemos como un globo sin dirección, llenos de aire y nada, pompa y vanidad...
Hay amores firmes como el metal,
que forjan cárceles de amor,
condenas deseadas en los sueños más soñados,
condenas estipuladas,
en las letras del libro de todos los libros:
la razón del miedo
el pronóstico de la culpa,
el agujero que chupa,
y chupa,
y se traga todo lo que pueda ser tragado...


Hay amores prohibidos que han prohibido los que podían
prohibir
para que nadie se entere de que ellos no podían amar.


Hay amores que dejaron de ser neutrales,
que tomaron partido,
del Todo que se repartió cuando se quebró:
en un millar de estrellas que nacieron
cuando estalló el millar de estrellas del que somos polvo.

Hay amores que son libertad.