...En una habitación un hombre y una mujer están jugando a los dados. Fascinados de oír el golpeteo dentro del cubilete. Hay otra persona, detrás, mirando... su historia fué haber sobrevivido a jugar a la ruleta rusa. La cicatriz de su herida -su cierre sellado- le impide disfrutar. Se pregunta si
realmente sobrevivió. Si lo que está llevando a cabo es una vida o si su integridad vital se perdió para siempre, en ese pasado en que el azar le jugó una mala pasada...
se pregunta si el pasado no habrá dejado un recuerdo en lugar de él.
¿Los recuerdos están vivos?
Conozco un lugar donde la muerte se disfraza de seres vivos. (Se multiplica.) Lo ví al señor Hyde por allí, entre travestis y prostitutas... arengando a su suerte en vueltas de ginebra y whisky de mala calidad. Sus polvos no significan más que eso, polvo de estrellas, desperdicio, suelo resbaladizo de emociones enlatadas. Dinero en el bolsillo. Situaciones como fantasías ocasionales, provocadas a propósito: montajes calibrados. Descarga preparada para volverse a cargar: igual, siempre igual.
Al quedarse dormido atravesará la puerta que lo conduce a Jeckyl... y el señor Hyde otra vez habrá dejado de existir, no será más que un recuerdo -que Jeckyl no se atreverá a evocar, ni podrá jamás compartir.
[En los sueños escapamos de los tiros y de los monstruos despertando, en los agujeros de nuestro mundo los monstruos se disfrazan de personas, acechan y los tiros nos despiertan hacia otros y otros mundos más... cada vez más cerrados.]
Jeckyl -no siempre: sólo cuando está lejos y nadie lo ve- piensa que a diferencia de Hyde él es más que un recuerdo; cree ser un Dios único en su mundo, y en su fantasía -universal- carga con la renuncia a
querer cambiar: el mundo compartido; descarga la rabia de probabilidades con variables imposibles: unificadas.
(Los signos se multiplican vivos y/o muertos.)
Hay un hombre y una mujer jugando a los dados (el ángel de la muerte se fue a dormir) y el niño amor revolotea.
Dentro mío.
................
.........Soy la gente que amé y que me amó. Mis latidos llevan un ritmo preciso. Soy los espacios que abrí aunque los haya cerrado, soy la mediatriz entre mil mundos paralelos (que aún no conozco), soy lo que armé con lo que tuve. Soy latidos dis-cordantes.
Arrojo los dados otra vez. Las velas alzadas. La brújula cargada de brujería.
Abro una puerta...
(temo)
El amor es un filo:
/borde/fuera y dentro de uno mismo.
(Hay un farol en medio de la noche: Arlekín arrojando una moneda.)
(Columbina deshojando margaritas -Fausto
desvelándose en cada pétalo-.)
¿Es por azar que nos encontramos con quién nos encontramos?
De cada quién algo por aprender... una telaraña educativa.
Pero con la condición de que cada símbolo está vivo. (De los signos muertos no sale otra cosa que muerte /vida petrificada/.)
Soy memoria (símbolo) que no recuerdo o no quiero recordar:
pero aún así. Soy la vida que me invita.
A nadie le debo: y lo que
debo lo recuerdo bien.
Debo lo que quiero,
pero sólo cuando quiero.
Si no quiero me desapezco y no doy de mí más que signos muertos que no conducen a nadie.
Si aparezco dejo de ser recuerdo... y en lo que creo crezco.
Me enhebro en letras-telas arañada mi piel de gente que llevo dentro mío.
Siento, un filo que me arrastra fuera:
un amor por transitar.
un peligro, una tormenta, una amenaza a mi cordura.
(amor duele, amor sangra...)
(un rasguño más abriendo mi piel)
Tatuajes en tinta invisible.
un futuro: un nuevo hombre.
una mujer.
una moneda
girando afilada
en círculos des
infiltrándose.